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13.11.14

¿Qué no nos estás dando, Chile?

Ese aeropuerto debe estar plagado de almas que lloran las despedidas y que celebran las bienvenidas. Ese aeropuerto tiene los ceniceros plagados de tabacos de espera, de pena, de decisiones, de alegrías del encuentro. Hace un tiempo ya que voy y vengo al aeropuerto de Santiago. De las 20 veces que ya he ido en los últimos 5 años, creo que 3 han sido porque he viajado yo; de vacaciones, por cierto.


Los que se han ido son mis amigos. Amigos muy cercanos. Se han ido de intercambio estudiantil a España y México, a estudiar a Cuba, Inglaterra y Argentina, a vivir a Alemania y Perú,  a trabajar a Guatemala e Isla de Pascua, a seguir a sus parejas a Colombia, a probar suerte a Australia y Nueva Zelanda. Están dejando Chile y con ello suman ganas de ir a probar suerte a otro país. Y es que a veces vemos que acá la cosa no anda muy bien. Que las posibilidades de crecimiento espiritual, familiar, económicas y profesionales no las tenemos ni los propios chilenos, es que todos los días escucho o leo a gente quejarse (quejarnos). 

Que hay que invertir en un pasaje y lanzarse a nuevos rumbos, a rutas desconocidas, a nuevos parajes que nos llenarán el espíritu y el cuaderno de recuerdos para contarle a los nietos que lo intentamos, que nos quedamos felices y echamos raíces, que volvimos con nuevos aprendizajes y a veces, sin ganas de haber vuelto y con la sensación de estancamiento, o frustración, o simple y llana felicidad de volver a ver a los tuyos.

¿Qué no nos estás dando Chile? ¿Qué tienen los otros países que no tengas tú? Tengo muchas respuestas… tengo algunos sentimientos compartidos con quienes han dejado tus tierras, con quienes ya no verán tu Costanera Center, con quienes no respirarán los plátanos orientales y ahorrarán en pañuelos desechables, con quienes no pagarán ya los caros pasajes de metro o esa bencina que sube día a día, con quienes ya no visitarán los OK Market, con esos que no pulularán por las farmacias buscando los Ravotril más baratos, con aquellos que dejarán de observar el paisaje de edificios hechos como fábrica de salchichas y con diseños orientales, con esos que comprarán libros más baratos. Con esos que quizás cuando enfermen puedan tener un sistema de salud algo más accesible y/o mejor, o no. Con esos que aman a su pareja del mismo sexo y pueden contraer el “sagrado vínculo”. Con aquellos que se rodearán de seres que gozarán de ver espectáculos culturales y harán fila para entrar a un museo, teatro o algún lugar que no sea sólo una tienda de ropa de moda.

¿Qué no nos estás dando, Chile? Qué podemos hacer los que nos quedamos y que a veces sólo miramos el exterior con ansias de crecimiento. Si tú eres un país tan rico - como dicen algunos- si tú eres un país casi desarrollado, pero que parece que le falta algo para lograrlo completamente. No sé qué hacer por mientras, el lugar que me tocó ocupar en el mundo no me permite hacer nada al respecto, no tengo más que estas preguntas y anhelos de respuestas para ver que aquí si podríamos quedarnos. Que no le demos la espalda a los mismos compatriotas, y eso no es renegar de los que llegan, soy hija de inmigrantes, pero al fin y al cabo chilena.

 Y es que cada vez que visito ese aeropuerto, más que las ansias de llegar a un “counter”, entregar mi pasaje, que me sonría la señorita y me pese la maleta, despedirme, hacer la fila para pasar a policía internacional, sonar en el censor de metales por mi implante de titanio, vagar por el Duty Free buscando “algo” más barato que la vida misma, subirme al avión, sentir que voy a tener un accidente porque tengo mala suerte y llegar a un nuevo aeropuerto, subir la foto en el nuevo destino y así en adelante la vida misma, son ansias de buscar lo que no he encontrado, de poder sentirme parte y aporte del y para el mundo, desde mi pequeño sitial, con mi corta edad, con mi pequeña experiencia de vida, mis ideales en formación y crecimiento y la posibilidad de realización, en el ámbito que sea y quizás acabar con un descontento ¿nacional, mundial o universal?

No lo sé… por mientras sólo he escrito y sueño en subirme a un avión y llegar a un destino y que derramemos lágrimas, y sin fecha de retorno, y quizás lo haga, quizás vuelva y todo sea como siempre ha sido, pero al menos lo habré intentado… no lo sé… voy a romper el segundo chanchito de greda y vamos a ver qué tan lejos puedo llegar, ojalá sea más allá de Visviri hacia el norte… la Antártica aún no me llama la atención.

Si ya probaste suerte afuera, pido opiniones, sugerencias, contradicciones a mis pareceres. Se agradecen destinos de prueba o ya probados… por cierto, soy actriz, quizás la meta sea la misma en cualquier parte.