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20.11.14

Hoy recuerdo a "Ese Par" de profesores para extenderles el brazo.

profesoresonline.cl
Hoy recuerdo mi educación y lo crítica que soy ante ella y vuelvo a ese sitial.

Muchos nacimos y crecimos ajenos a cualquier comentario político, a cualquier situación correspondiente a la contingencia que podía vivir mi país, para convertirnos en “niños bubuja”, esos que crecimos en escuelas privadas, donde convives con niños de tu “misma clase social” (jamás será la misma), de tus mismas enseñanzas y bajo el alero de los pensamientos de la iglesia católica y que a veces te impidió sacar la cabeza y ver otras realidades. En la burbuja se creía que mi escuela privada católica, sería la que me “mantendría en la correcta senda para ser un ser humano convencional y correcto”.

Tendría profesores y/o curas que me enseñarían a cumplir la cadena propia del ser: nacer, crecer, reproducirse y morir; sin mayores esmeros y desazones. Asistiría a mi escuela privada y me comportaría como las políticas religiosas lo admitían y como muchos profesores me dirían que debía ser, me graduaría con o sin honores y con el uniforme escolar bien planchado lista para rendir una prueba que mide tus capacidades -más que tu vocación- y que te dirige sólo hacia lo que “puedes” ser el día de mañana; una escala de puntos nos situaría en un ranking y de ahí el poder de elección. Manifestaría, por tanto, mi desinterés por las artes; porque advertiría que sería pobre y seguiría las leyes del “eres lo que tienes”.

Mi colegio, que en esa época representaba una parte de mi país en vías de desarrollo, me quiso formar pero por una u otra razón los desafié. Existió en mi vida “ese par” de docentes que consciente o inconscientemente me enseñaron a “pensar” y “hablar” sin faltar el respeto, pero sin olvidar ser crítica y reflexiva ante lo que ocurre. Fueron profesores que sin desorden me incentivaron a preguntar “por qué” y con ellos me mostraron que quedarme callada y acatando como un cyborg me llevarían esa cadena propia del ser.

Fue así como desafié consciente o inconscientemente las leyes de mi propia educación convencional: me porté mal, fumé a escondidas, copié en las pruebas, conversé, le falté el respeto a algún profesor que me lo faltó antes, me enviaron al sicólogo, era desordenada, cambié las calificaciones, me quisieron expulsar, me rogaron que me comportara, me prohibieron preguntar “por qué”, no me fomentaron el arte, me negaban la posibilidad de expresarme, y me alejé completamente de lo que fui y logré a mis 10 años: Ser una alumna modelo, con diploma en la mano, una familia orgullosa y la hoja de vida llena de anotaciones positivas que alababan mi buena conducta y mis valores cristianos.

Pero cuando creces, conoces, piensas y reflexionas construyes una mirada crítica que te invita a ver que la TV o el diario no son las verdades, ni todos los hechos de un país. Gracias a ellos desafié mi visión de sociedad cuando realmente la empecé a conocer. Recriminé la pobreza, la injusticia, el Golpe de Estado, el genocidio mundial y el de mi país, recriminé a los políticos, los he tratado de mentirosos e interesados. Maldije el día en que existió el dinero y sus brechas que nos han dejado en desigualdad de condiciones. Negué la exacerbada creación de centros comerciales en mi ciudad, deseé destruir las constructoras que están acabando con la historia arquitectónica de mi país. Escupí a los delincuentes, pero a la vez entendía que eran resultado de una sociedad desigual. Alabé a los “encapuchados” por su fuerza de lucha, por su rabia contra el mundo que los está dejando afuera. Puse en duda el rito católico; me ponían nerviosa los rezos y los encontraba sin sentido, sin carácter de ser, repetidos y sin intención de querer cambiar algo en esos que escuchan atentos. Me interesaron los rezos de la calle por los derechos de educación, de justicia y salud. Fue ahí donde encontré un “amén” unido y masivo con sentido y razón de ser.

Hoy recuerdo a “ese par” de profesores que me marcaron, que tal como los que hoy están pidiendo “dignidad y respeto” en la calle, fueron hitos en la vida de muchos que aprendimos a ver el lado B de las cosas. Irónicamente su destino está en manos de los que alguna vez fueron sus alumnos y que son quienes decidirán sus condiciones laborales y determinarán bajo leyes su gran valor en la sociedad.
Son esos profesores, como “ese par”, quienes arriesgan su trabajo y el dinero del mes para confirmarnos que sin ellos no somos nada (y es un círculo vicioso, ya que trabajo en colegios y por el paro no recibiré sueldo y mis condiciones laborales también ruegan una lucha) Pero por ellos como “ese par” ¿cómo no hacernos cargo? Si cuando en nuestra infancia algunos nos dieron la espalda por querer “luchar” infantilmente -y sin grandes conocimientos- por lo nuestro y lo que considerábamos justo, “ese par” de docentes nos levantaron para no automatizarnos, para que hoy día los recordemos y estemos junto a ellos.

Si sabemos que muchos no quedamos conformes con el modelo de educación que recibimos en su totalidad, pero de la cual no renegaremos. Hoy extiendo mi brazo y tomo el de esos profesores que están “parados” mas no detenidos, porque uno de ellos puede haber sido “ese par” para otros alumnos. Les agradezco a quienes enseñaron lo que sé y me dieron las herramientas para poder escribir esto hoy. Les envío mis fuerzas y esas energías inacabables que tenía en la infancia para que sigan fuertes y atentos, sin retroceder, con la frente en alto y no permitiendo convertirse en pizarras que con un borrador eliminan lo que son para olvidarlo.


Fotografía: Profesoresnline.cl