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14.11.14

Sres. del arte culinario: siempre puede ser más que las tres B.

Cafetería
Me gusta ir a “servirme alguna cosita” a diversos lugares, de esos que tienen las tres B; Boutique, Beauty y Bestial. No. Para mi status quiero un lugar Bueno, Bonito y Barato. Las consecuencias entonces no son tan graves: dejamos de comer algunos días y nos pagamos un almuercito, cafecito o comidita B, B y B. O sudamos más en la bici y no pagamos la BIP (dos palabras con B) o no le pago impuestos en forma de donación a algún comercio de por ahí.

Ya va mi primera “asumición” y por lo tanto,  he podido asumir los precios que tiene Chile Ltda en las cartas y como soy también una persona más limitada; porque “a veces” bebo y soy siempre vegetariana, las posibilidades se van reduciendo. Asumo que la variedad gastronómica en los lugares concurridos para alguien de mi especie no es tan amplia (no asisto a cosas exclusivas, no tengo los zapatos) y por lo tanto la mirada del mesero o mesera no me presiona tanto, puesto que debo decidir entre 2 o 3 cosas y de un precio promedio.
Me siento y asumo que es un “gusto” que me estoy dando y pienso un poco para disfrutar el momento, pero entro en una reflexión extraña y en un diálogo más extraño aún, conmigo misma:

-Es bueno darse gustitos a uno misma
-Si sólo este país fuera más barato
-Pero si no gastas en nada más que esto, que no es tan frecuentemente
-Tengo razón, si por ejemplo, no me compro ropa…
-Sí, igual a veces lo hago.
-Pero compras ropa cuando está en oferta y la comida no está en oferta nunca.
-Ah claro! Ahí ahorro y compenso…
-Ah, pero tu papá dice que es más ahorro no comprar.
-… (silencio)

Y pido el plato, no muy sofisticado por cierto, pero que sí tiene de acompañamiento esas cosas que están de moda ahora; el tofu, la quinoa, la rúcula, la chía, la carne de soya. Esas cosas combinadas que cuando las leíste en el menú se te hizo agua la boca. Digo agua porque lo que comerás no pesa nada ni física, ni calóricamente y es probable que luego de postre pidas un kuchen o pastel de avena, o integral, o sin gluten, o para veganos de chocolate 70% de cacao y seguimos en el estilo porque queremos cuidarnos, pero al final nos llenamos porque quedamos con hambre IGUAL!

Y llega el bendito plato, y tú con este “apetito” (es tan “feo” decir hambre, porque hambre no creo que hayamos pasado) inmenso, que ya te has empezado a devorar hasta las servilletas. Y llega con esa música celestial y desciende hasta tus ojos, y te has dado cuenta que a ese hermoso menú olvidaron ponerle como “dato freak” la cantidad de cada ingrediente que le iban a insertar.

Y ahí me encuentro, mirando el ahora maldito plato, y se leía tan rico en el menú. Ahí me mira ese maldito, servido en un plato de “pan”, cuando era plato de fondo. Cuando me dijeron “ensalada” y me ponen DOS hojas de lechuga escarola, UNA rebanada de tomate: UNA! UNA! UNA! SÓLO UNA! Una cucharada de esos alpistes y lo que sobra a destajo son la sal, el aceite de oliva y el aceto balsámico. Y es ahí cuando pienso que para una próxima quebrada de chanchito de greda y salir a comer, voy a martillarme la cabeza.

Y asumo lo que estoy pagando, literal y metafóricamente. Somos unos cagones, en la vida y en la cocina popular. Y peor aún, porque no exigimos lo que merecemos. No quiero que piensen que voy a esos lugares donde la idea principal es servir poco. NO. Pero si los ingredientes los escriben con S, pónganle una cantidad decente. Hagamos bien las cosas y pidamos de buena manera (otra palabra con b) lo que estamos “pagando” (suena fea la exigencia cuando hay dinero de por medio, pero no seamos en ese intento unos arrogantes y pedantes).

Señores del arte culinario, de todos los tipos, todas las clases y todos los tamaños: Ya les dije lo del tomate; me ha pasado más de 4 veces en menos de 1 mes y así con la señora lechuga y la señora palta. El café “macchiato” es una gota de café; no me lo llene de leche. El café expresso no es agua de calcetín; es un shot de café intenso. Si ofrece un queque integral y así varias variedades: ténganlo en stock. Si ofrecen platos de fondo; que no sean en los platos de pan. Si me va a vender un jugo natural o pulpa de piña; no me lo dé ni con sal, ni con un saborizante. Si la pizza trae queso; que sea más del 40% de la misma.

Si nos “alimentamos” mutuamente, hagámoslo bien y no sólo para un lado, no ve que todos queremos irnos con la guatita semi llena o llena y el corazón contento. Pero la variedad triple B y del gusto personal  no es muy amplia y por los mismo nos encantaría recomendarlos y que todos vivan la experiencia culinaria al “módico” precio estándar chileno que hemos asumido, pero que a pesar de eso nos cuesta asumir que tenemos que tomarnos la voz cuando no hacemos las cosas Bien (otra palabra con B).

Si es tan fácil hacer las cosas correctamente, pero parece que es mucho esfuerzo hacerlo.

*Dejo fuera de esto los locales de comida rápida, las picadas y los lugares del “uptown” (no los conozco, ni frecuento… por la distancia, obvio!)